Te esperaba en la misma banca de siempre, esa afuera de tu
liceo en Providencia. Esperaba nerviosa el momento en que te acercaras a mí,
como lo habías hecho por los últimos tres años, donde me saludabas de golpe y
luego me besabas los labios. Luego te vi venir, con el mismo paso de siempre y
mi corazón se aceleró. – Hola, acá está tu cable USB, es lo último que encontré
en mi casa, que tengas una excelente vida, chao- Y nunca más te volví a ver.
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